miércoles, 7 de septiembre de 2011

23º Sesión

Espacio: Ciudad de Boston, Estados Unidos.
Tiempo: 07/01/1927
Observaciones: Un par de años luego de los eventos anómalos de El Cairo, y a varios miles de kilómetros, un nueva agrupación misteriosa está saliendo a la luz. Se trata de la Orden Hermética del Ocaso de Plata.
En un pasaje temporario por la ciudad de Bosto, un joven actor de teatro vanguardista es invitado a un agape en la sede local de la Orden. También un sacerdote enviado a América por el Vaticano. Ambos se conocen en la reunión y son abordados por miembros de la Orden. Al parecer, la cabeza de la misma, el encargado de organizar los encuentros, es un tal John Scott, quien bajo el título de Noble Filósofo conduce a esta logia por senderos filantrópicos. Más allá del interés humanitario, la organización declara abiertamente estar interesada por el cultivo de la filosofía, la ciencia, y cualquier otro tipo de disciplina que aspire a llegar a la última verdad, si es que tal cosa existe. El actor y el sacerdote escuchan entre conversaciones el rumor de que los miembros de la agrupación incluso frecuentan antiguas vias de conocimiento, entre las cuales están los rituales mágicos.
Luego de asistir al agape reciben una nueva invitación, esta vez para integrarse completamente al orden como un hermano más de la logia. Contactándose antes de dar respuesta al llamado, los personajes deciden investigar un poco al respecto. Acuden a la biblioteca eclesiástica de la congregación a la que pertenece el sacerdote, y allí descubren cosas que llaman su atención. En la investigación superficial notan que al parecer, no hay mención alguna del Orden Hermético del Ocaso de Plata en los listados oficiales de organizaciones fraternales.
En sucesivas búsquedas, acudiendo a los sectores más antiguos y olvidados de la biblioteca hayan dos tomos que encuentran artículos dignos de mención: en un extraño y oscuro libro de demonología se menciona al pasar y sin mucho detalle un grupo con el título de "Caballeros del Ocaso de Plata". Y por si esto fuera poco llamativo, el sacerdote hace un hallazgo que genera sospechas inesperadas: en un delgado cuadernillo de crónicas y anales locales se presenta un informe fechado en 1721, escrito a mano, sobre la granja de John Scott. Al parecer, un grupo de preocupados ciudadanos ingresó por la fuerza y armados a la granja. Dentro de la congregación estaba el autor de la nota, Clyde Whipple, quien describe las razones del asalto. Entre ellas se notaban la presencia de extraños sonidos por la noche, cánticos, extranjeros siniestros por la zona, y tumbas robadas). Whipple también describe como horrible más allá de la posibilidad de descripción los acontecimientos de esa noche.
La invitación a la unión del grupo es ahora considerada bajo una óptica absolutamente distinta por los personajes. Sin embargo deciden asistir, con el fin de aclarar sus dudas y descubrir qué hay detrás de todo este asunto. En la ceremonia, rodeados de un ambiente místico y ocultista ingresan al grupo y les es asignada una túnica simbólica de color negro. Según Johm Scott, la misma está asociada al rango de Neófito. Entre los concurrentes hay quienes portan túnicas grises, y son reconocidos como Iniciados, y un sector privilegiado usa túnicas blancas, y se les conoce como los Maestros.
Luego de dar por finalizada la iniciación, comienzan a fundirse entre la multitud, que los acepta gratamente. Uno de los integrantes, sin embargo, parece estar separado de la multitud y no participa de la amable recepción. El actor se acerca a él, y este se presenta como el Dr. Edward Call. Intercambiando unas pocas y secas palabras, entre las cuales el actor deja deslizar algunas de sus sospechas, el Dr. Call le advierte que tenga cuidado con lo que dice y hace, y que preste particular atención a John Scott y a su compañero. Al escuchar esto, reconoce a una figura que ha estado acompañando a Scott en todo momento, con casi nula participación oral. Al preguntar a los concurrentes, poca información se obtiene: su nombre es Carl Stanford, y junto con Jhon Scott son los miembros fundadores de la sede en Boston de la Orden.
Aprovechando un momento de distracción de John Scott, el actor se escabulle hacia las escaleras que dan a los salones superiores. Allí se encuentra con una serie de puertas cerradas, y abriendo una al azar ingresa a la biblioteca. Apresurado, constantemente mirando por sobre su hombro con temor a ser descubierto, el hombre toma unos fascículos de los anaqueles de rango superior, correspondientes a los tratados mágicos y ocultos. Con sumo sigilo vuelve al centro de reunión, y una vez finalizada la sesión comenta lo realizado al sacerdote. Juntos concuerdan analizar los textos en cuanto tengan la oportunidad.
Para decepción suya, los libros no parecen llegar más allá de lo que lo hizo la formación teológica del sacerdote. Nada nuevo, espacial ni mágico se encuentra presente en esos libros. Al parecer, los grandes secretos y recursos ocultos de la organización son más pretenciosos que verídicos.
Luego de la reunión, los personajes continúan su investigación, pero sin muchos resultados tangibles. Al acudir al periódico para pedir informes civiles de John Scott, les informan que estos datos están actualmente manejados por la policía. También visitan el cementerio local, pero el paso del tiempo y la renovación constante de parcelas ha dejado pocas lápidas de la época del artículo hallado por el sacerdote.
Reciben una nueva invitación a una sesión del Orden, y al acudir presencian una legítima sesión en la cual los miembros debate y discuten sobre temas filosóficos, teológicos y gnoseológicos. En este intercambio oral, brilla la oratoria del hombre de fe, quien recibe felicitaciones del mismísimo John Scott.
Está culminando en encuentro, cuando el Noble Filósofo hace una llamada de atención general: con sumo pesar en su voz y gravedad en el rostro, anuncia que en la última reunión han desaparecido unos tomos de la biblioteca de la Orden. Se explaya sobre la gran pérdida que representan esos libros, y el sumo agravio que ha simbolizado para la unión fraternal de la Orden. Según el Noble Filósofo, las investigaciones comenzarán inmediatamente, comenzando por la última persona que tuvo ingreso registrado: el señor James Clark.
Luego del debate y el anuncio, los personajes participan una vez más en el encuentro social y distendido, en el cual captan el intenso nerviosismo de James Clark. Al intentar conversar con él, es tal su tensión que se niega a dar demasiada información a los personajes.
Un último anuncio es efectuado por John Scott antes de despedir a sus compañeros: al parecer la semana siguiente están todos citados a participar de un nuevo agape para buscar nuevos miembros de la Orden. Se espera de ellos que entren en contacto oral con los postulantes e informen de posibles e interesantes agregados a la organización. Con esto se despiden los integrantes de la Orden, así como los personajes.
A los pocos días, en una casual lectura del periódico local, el actor de teatro absurdo encuentra un recuadro que llama su atención. Se trata de un muy breve artículo anunciando la desconcertante desaparición del señor James Clark, quien aparentemente dejó su hogar y se desvaneció en el aire. Este artículo menciona que su ausencia será penosamente sentida por sus cófrates de la Orden Hermética del Ocaso de Plata.

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