Blog dedicado a la recopilación de datos de las aventuras para consulta de los jugadores
jueves, 22 de septiembre de 2011
25º Sesión
Espacio: Ciudad de Boston, Estados Unidos.
Tiempo: 11/01/1927 En diversas conversaciones y reuniones asisten a ritos extraños pero aparentemente inocuos, y a discusiones político-filosóficas que pasan de la mera postura sofista al acalorado debate fanático. Son advertidos por el doctor Edward Call, quien ha percibido sus movimientos e investigaciones, y les recomienda moverse con más sigilo, ya que pueden levantar sospechas de los directivos superiores, y correr un destino similar al de James Clark. Al pasar, menciona también sus sospechas sobre aquella figura que secunda los pasos de John Scott como una sombra: Carl Stanford.
Luego de un intercambio fogoso de opiniones entre un comisario de extrema derecha, John Spencer se da cuenta de que ha salido del perfil mediocre que intentaba mantener, y comienza a sentir miradas a sus espaldas, temiendo por su seguridad.
Mientras tanto, Fournier despliega con sutileza su conocimiento ocultista a John Scott, quien asombrado lo invita a progresar en su estudio arcano traspasando el escalafón mundano de la Orden y ganando acceso a una jerarquía aún mayor y más cercana a la última verdad: en definitiva, lo honra con la promesa del título de Guardián de la Puerta de Plata. Al parecer es un grado superior, que toma años en ser alcanzado, pero a él le será atribuído en el corto plazo.
Por su parte, el detective Fritz sólo encuentra callejones sin salida al respecto del paradero de Clark, y comienza a tejer lazos forjando un grupo investigativo entre el actor y el empresario, usando la reciente incorporación de todos a la Orden como nexo común y garantía de carencia de corrupción.
Estando el grupo endeblemente establecido, un acontecimiento violento refuerza su alianza. En una de las reuniones rituales, el comisario que había discutido con Spencer lo aparta del grupo, y bajo una falsa invitación de tomar unas copas, lo lleva a una emboscada y de un golpe lo deja inconsciente. Minutos más tarde, Fritz nota la desaparición del actor, y comienza a seguir su rastro. Unas gotas de sangre aquí y allá lo conducen hasta el primer piso de la casa de Scott, y al abrir la puerta de una de las habitaciones encuentra al comisario atando a un John Spencer semiconciente. Con rapidez Fritz inmobiliza al comisario de un disparo en la pierna y un sucesivo golpe en la cabeza.
Un piso abajo, el ruido del disparo parece ser camuflado por un muy oportuno brindis convocado misteriosamente de la nada por John Scott. Fournier nota que mientras el anfitrión eleva la voz para llamar la atención de los concurrentes, un grupo de miembros de rango superior se separa del grupo y sube por las escaleras. Sigilosamente los sigue y pretende formar parte de ellos. Al ingresar, observa al comisario desmayado y una soga saliendo por la ventana. Mientras los demás asisten al miembro caído, Fournier corta la ruta de escape que tomaron sus aliados e intenta borrar las hueyas de su presencia. Ni bien retoma la conciencia el comisario identifica a Fritz y a Spencer como sus agresores, y a partir de ese momento, pasarán a ser enemigos declarados de la Orden Hermética del Ocaso de Plata.
Antes de salir de la casa, Fournier hace una oferta que sabe que John Scott no podrá rechazar: le propone donar uno de los tomos antiguos que heredó de su padre a la Orden. Scott acepta, y concuerdan una cita para la semana siguiente.
Mientras tanto, Fritz y Spencer se dan a la huída. Fritz empaca sus cosas, toma todo su efectivo y avisa a la esposa de Clark, que lo había contratado para investigar el paradero de su marido, que no indague más, ya que podría correr peligro su vida. Spencer se va a un hotel y por teléfono le anuncia su momentánea ausencia a su jefe, el señor Peabody, y le pide que le envíe a su hotel algo de efectivo y unos disfraces.
Cuando Fournier se acerca al teatro donde residía Spencer ve llegar en auto a un grupo de miembros de la Orden. Se separan e ingresan al unísono por las distintas entradas, rastrillando por completo el lugar. Sin encontrar nada se retiran. Momentos más tarde el señor Peabody está saliendo del edificio con rumbo al nuevo domicilio de Spencer. Fournier lo sigue, y espera el momento adecuado para contactarse con el actor.
En otro rincón de Boston, Fritz está abandonando su departamento para anular cualquier rastro que la Orden pueda tener de su existencia. Sin embargo, parece que la organización se mueve más rápido de lo esperado: bajando las escaleras de calle, el investigador puede observar cómo de un auto (el mismo que había ingresado al teatro momentos antes) brotan los cañones de dos armas cortas que descargan sus municiones contra él a medida que el vehículo va ganando velocidad. Por fortuna el detective tiene buenos reflejos y consigue echarse a tierra a tiempo para evitar el ataque. Sin embargo, la advertencia está hecha: la Orden Hermética del Ocaso de Plata está al acecho, y se deben tomar medidas drásticas contra ellos.
Apresura su paso al hotel donde reside Spencer, y allí confluyen los tres personajes. Juntos idean un plan: aprovecharán la cita de Fournier para infiltrarse en la casa, y mientras el francés entretiene a Scott, los demás llegarán al fondo de la cuestión, develando los verdaderos intereses de la Orden, y de ser posible el paradero de James Clark. Spencer, particularmente, no ha tomado a chiste la situación: consiguiendo un recipiente de combustible se ha dispuesto a quemar la casa entera ante cualquier exabrupto fuera de lo común.
En el día señalado, Spencer y Fritz se difrazan usando la utilería traída por Peabody, y esperan afuera al momento indicado para asaltar la casa. Mientras tanto, Fournier se anuncia por la puerta delantera. Ingresa, y un miembro de la Orden le comunica que en este momento Scott está ocupado, pero que si gusta puede esperarlo en la biblioteca. El francés accede, y una vez arriba abre la ventana para que ingresen los personajes. Un miembro de la Orden ingresa, y es rápidamente desabilitado por los personajes. Todo se acelera, y escuchan voces provenientes del piso superior.
Fournier avanza fuera de la biblioteca, y de los pisos superiores un grupo de cultistas lo identifican como aquél que se hizo pasar por miembro de los guardianes sin aún serlo. Lo toman entre varios miembros y deciden llevarlo al sótano, donde parece estar John Scott. Al escuchar esto, Spencer, carcomido por los nervios y el temor de lidiar contra una organización que está dispuesta a tomar su vida comienza a rociar de combustible los tomos de la biblioteca. Fritz sigilosamente se acerca a la escalera de donde provienen los gritos y ve a Fournier rodeado de cultistas, y a varios enemigos más en el piso superior.
A continuación, el francés recita las palabras de un hechizo aprendido en las antiguas calles de El Cairo tiempo atrás. De su piel comienzan a brotar espinas que se disparan y atraviezan a sus captores dejándolos sin vida. Fritz se dispone a darle apoyo disparando a los cultistas del piso superior. Al escuchar los disparos, Spencer no aguarda un solo instante: prende fuego los tomos, que por su antigüedad propagan el incendio a una velocidad abrumadora. La balacera continúa, y el detective despacha a cuanto enemigo osa oponérsele. Fournier sale del trance del hechizo, y tomando un arma de las yertas manos de uno de los cultistas termina de eliminar a aquellos hombres que ocupaban los pisos superiores. Spencer aparece en la escalera avisando del incendio, y cuando los personajes logran salir del pasillo repleto de muertos y espinas pueden ver parte del techo colapsando por el acelerado incendio, tapando la salida frontal. El ambiente se vuelve agobiante y la temperatura hace que salten en astillas los vidrios, y que colapsen las ventanas. No hay una salida aparente, y las llamas rodean a los personajes en todas direcciones.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario