lunes, 13 de junio de 2011

15º Sesión

Espacio: El Cairo / Tumba de Sobekopesh
Tiempo: 6/5 /1925 y 7/5/1925
Observaciones: Los personajes están citados a reunión en el majestuoso hotel donde se hospeda Gino Giorgio para almorzar y cerrar los últimos detalles de la expedición. Previamente al encuentro, Rudolph Hess, al pasar por la oficina de becarios universitarios donde trabaja Charles Dickson, tiene la oportunidad de escuchar una discusión entre él y el doctor King. Al parecer, el renombrado arqueólogo está reprendiendo a su estudiante por errores cometidos en el pasado respecto a la convocación de nativos voluntarios para trabajar en la excavación. Al parecer también es responsable de varios acontecimientos que resultaron contraproducentes para el doctor. Luego de las reprimendas, el doctor sale de la oficina, y al toparse con Hess disimula con una máscara de amabilidad. Hess aprovecha su estancia en la universidad para comenzar su trabajo como traductor de textos en egípcio antiguo.
Llega la hora de la reunión, y en esta se tratan temas tales como el horario de salida y los elementos materiales necesarios para la investigación. Giorgio da u$s 200 en mano a los personajes para que efectuen las compras. Rápidamente los personajes, rodeados de intriga y sospechas de conspiraciones deciden equiparse con armas para su defensa. Otros elementos como un equipo de revelado fotográfico y elementos relevantes al viaje (picos, palas, tiendas, cantimploras, dinamita, etc. etc.) son incorporados al bagaje y es en este recorrido mercantil que ingresan a una misteriosa tienda perdida en el interior del barrio mercantil de El Cairo. Su dueño, un viejo decrépito con un ojo de vidrio opaco, les ofrece los medicamentos y somníferos que los personajes piden, y al intercambiar las palabras correctas descubren que este anciano está al tanto de las actividades del culto que los está persiguiendo desde su viaje en el desierto. Les hace entrega de unos amuletos dedicados al dios Horus, oponente milenario de las fuerzas de Sobek, y les dice que si vuelven con evidencias de que están batallando contra el culto antiguo, está dispuesto a darles más información.
Una vez adquiridos estos nuevos elementos y conocimientos, el grupo se separa y cada integrante dedica su tiempo a sus actividades cotidianas: Di Leo entrega un artículo en El Heraldo de El Cairo; Fournier finaliza el papeleo para el viaje en la Turkish Petroleum Company y realiza un control del camión asignado; y por último Hess pasa un tiempo en la biblioteca de la universidad investigando sobre Sobek y la zona en la que se internarán. El arqueólogo recolecta datos sobre el culto a Sobek, identificado por una cosmología caótica opuesta al cosmos representado por Osiris y Horus, y analiza unos textos sobre las tumbas egípcias y los falsos pasajes que se pueden hallar en ellas. Más interesante es lo que encuentra entre los papeles en los que estaba trabajando Dickson: al parecer, el estudiante está planeando deshacerse de la presencia de Hess para ser el único predilecto del doctor King, quien últimamente lo está culpando de todos los errores.
Al día siguiente, Albert Di Leo, Rudolph Hess, Julien Fournier, Charles Dickson, el doctor James King y el delegado personal de los Giorgio, Pietro, suben al camión de la Turkish Petroleum Company para dar inicio a su investigación. Mientras están dejando El Cairo notan como varios cultistas los observan desde la multitud anónima de las calles de la ciudad. Ya casi en las afueras los cultistas dan noticia de la partida de los personajes a su brazo armado, y el automóvil que días antes había atentado contra King y Hess aparece entre la multitud y comienza una persecusión. Las habilidades al volante de Fournier evitan que los cultistas corten la retirada de los héroes. Al salir de las calles densas de El Cairo comienza la balacera. Los personajes hacen uso de su arsenal, y con la ayuda de la ametralladora de Pietro uno de los cultistas tiene una muerte horrible. Hess dispara al conductor y el vidrio astillado del automóvil le impide ver si dio en el blanco o no. Lo cierto es que el auto acelera y arremete contra el camión. Una maniobra abrupta de Fournier magnifica el impacto y mientras el camión revienta un neumático y colea sin control, el auto de los cultistas vuela por los aires. Deteniéndose un momento, los personajes corroboran que no hay sobrevivientes, y observan que los cultistas tienen un tatuaje en el brazo con el símbolo visto en el desierto y en los aviones que los atacaron un mes atrás.
Las reparaciones se efectúan con rapidez y pronto retoman la marcha. Los ánimos no están para bromas, y es poco lo que se necesita para que los personajes detonen un conflicto, tomen al doctor King de las solapas y a punta de pistola demanden explicaciones. Ante las preguntas sobre lo que sucedió en la excavación previa, el doctor confiesa que es verdad que reprimió a los nativos, pero sólo en búsqueda de una explicación a los acontecimientos anormales que estos decían ver, y para poner fin a un motín que estaba creciendo entre los trabajadores. Les comenta también que la vasija que ellos recibieron en El Cairo fue enviada erróneamente por Charles Dickson. Al parecer este objeto era, dentro de los encontrados en la excavación, el que contenía mayores palabras y posibles pistas para comprender los secretos guardados por la tumba. Esa era la razón por la cual King reclamaba constantemente la presencia de King en sus telegramas. Sobre sus cualidades esotéricas afirma no tener conocimiento alguno. Dickson se disculpa ante Hess y le dice que si obró de forma hostil fue por miedo a perder su carrera y su puesto en la excavación del doctor King. Con las cartas arriba de la mesa, la tensión disminuye y se retoma el viaje. Para aumentar la confianza entre el grupo, el doctor King da adelantos de aquellas cosas que van a encontrar en la excavación y anima a sus compañeros recordándoles que la mayor parte del trabajo duro de excavación fue hecho por los nativos, por lo cual sólo quedaba el trabajo de recolección de objetos.
Llegando a la tumba, logran divisar en el horizonte un contigente de cultistas alejándose del lugar de la excavación, con dirección opuesta a la de los personajes. Quizás sea una mera coincidencia, pero de la arena levantada por estos fanáticos proviene una gran tormenta que envuelve al camión y anula la visibilidad del conductor, causando un choque frontal contra la ladera sobre la cual estaba, según las indicaciones de King, la entrada a la tumba. La confusión inicial se disipa, y logran restablecer la calma. Al doctor King le llama la atención que la entrada a la tumba esté tapada por piedras, pero luego afirma que no sería extraño que un derrumbe en la ladera haya cubierto el ingreso. Un cartucho de dinamita logra despejar el camino, y dotados de los elementos de excavación y sus lámparas, los personajes dan el paso hacia lo desconocido.
En fila, recorriendo un túnel de piedra natural, los personajes comienzan a captar una brisa que pronto se transforma en ráfaga y misteriosamente sus lámparas se apagan. Al prenderlas nuevamente, no hay rastros de la presencia del doctor King. Di Leo inspecciona el piso y nota que no hay huellas que indiquen su paradero, y los demás buscan puertas escondidas para concluir que no hay ninguna. Retoman la marcha y luego de unos metros llegan a una puerta cubierta de jeroglíficos en egípcio antiguo. Hess traduce, y todos son advertidos por el mensaje milenario que para entrar se debe pronunciar una palabra de poder, pero que aquel que traspase la puerta sin la marca sagrada sufrirá una muerte horrible y dolorosa.
Recordando los rincones más oscuros de su memoria, Rudolph Hess invoca aquella palabra que durante el viaje en el Colossus casi los hace naufragar, y luego de su mención la puerta efectivamente se abre.
Ante los personajes se despliega un repertorio amplio de trampas y habitaciones misteriosas, y al pasar por ellas Fournier es herido en una pierna, y Charles Dickson recibe un proyectil en el estómago que amenaza con ser mortal. La investigación del templo se completa sin que los personajes encuentren nada fuera de lo común, más allá de los mecanismos antiguos. Hess reconoce el bajo valor de los elementos guardados en la cámara central, y esto los lleva a pensar que el verdadero tesoro de esta tumba y sus secretos milenarios están escondidos en algún pasadizo oculto.

2 comentarios:

Latonian dijo...

Juan, muy buena historia. Me gustaria contactarme con vos porque soy un viejo jugador/director de Cthulhu.
Me mude hace poco a Baires y tengo ganas de conseguir un grupo; vivo por Belgrano.
Te dejo mi mail asi me contactas; agustin2701@live.com
Abrazo!

Huan dijo...

Me alegro de que te guste la historia. Ya te mandé un mail para contactarnos.