Espacio: El Cairo / Tumba de Sobekopesh
Tiempo: 7/5/1925
Observaciones: Dentro de la tumba de Sobekopesh los jugadores parecen agotar los lugares para investigar la desaparición del Dr. James King. Mientras analizan lo que Rudolph Hess identifica como un falso sepulcro activan un mecanismo en el cual parte del techo se desplaza sepultando el sarcófago apócrifo por una avalancha de arena. Los personajes retroceden rápidamente para encontrar a Charles Dickson aún inconsciente y a la entrada original bloqueada por una puerta de piedra. Al parecer no hay escape posible, encerrados entre un frío muro de piedra y una pared natural de arena.
En la entrada, los personajes comienzan a investigar las dos estatuas que adornaban el ingreso y descubren que ambas tienen un mecanismo que funciona como trampa ante intrusos curiosos. Hess se adelanta para revisar la estatua de Horus, y en el momento en que esta se activa para eliminar al arqueólogo, éste empuña el amuleto recibido en El Cairo y la estatua cancela su ataque a milímetros de su piel. Para analizar la otra estatua en la que se representaba a Sobek, los personajes optan por tantear el terreno con un bulto muerto antes de arriesgarse. Arrojan una mochila y luego de ser atravezada por las armas de la estatua se activa un mecanismo que da acceso a un pasaje subterráneo.
Al bajar el antiguo y decrépito templo va cobrando vida y las inscripciones en sus paredes van tomando brillo y color. Unas antorchas iluminan una gran recámara en el centro de la cual hay una gran estatua con múltiples animales de distintos tamaños y orígenes entrelazados entre sí. Concientes de que las inscripciones de las paredes advierten que todo aquel que no porte la marca de Sobek morirá al ingresar a la cámara, los personajes dibujan el símbolo del dios antiguo en sus brazos.
Al parecer no es suficiente, ya que cuando ingresan se dan cuenta de tres cosas: la primera es que unos barrotes están bajando rápidamente y bloquean las salidas; la segunda es que la estatua no era de piedra, si no de animales momificados; y la tercera es... ¡que varios de estos animales están cobrando vida y tomando una postura agresiva hacia los aventureros!
Un combate frenético acontece, con ráfagas completas descargadas sobre los animales momificados que poco a poco van convirtiéndose en polvo. El mayor de estos animales, una gigantesca cobra de magnitudes inverosímiles envuelve a Rudolph Hess y lo levanta por los aires. El arqueólogo incrementa el terror de la situación por una antigua fobia a las serpientes, y enfrenta la idea de dejar este mundo a manos de una criatura horrenda y misteriosa.
Afortunadamente sus compañeros terminan de despachar a los demás animales y concentran su fuego en el enorme reptil no-muerto, salvando la vida del arqueólogo que sólo sufre unas heridas contundentes por su caída.
Le sigue a la cámara un pasillo bloqueado por una pared de intensas llamas y una inscripción que dicta que sólo las personas especiales pueden atravezar el muero de fuego. Los personajes vacilan, pero al observar que no hay salida detrás suyo deciden tomar el riesgo y se lanzan a través de las llamas.
Lo que ven a continuación es un gran salón cuadrado con un sarcófago dorado en el centro y en cada esquina del recinto una colección de artefactos y armas antiguas. Junto al sarcófago, pueden observar al Dr. James King severamente herido pidiendo clemencia ante un hombre serpiente incorpóreo de dos metros y medio que porta dos espadas egipceas o kopeshs. Al parecer, el doctor le está pidiendo que aprecie los sacrificios que le trajo a su tumba y le permita el acceso a la vida eterna de los faraones. Esta criatura por respuesta sólo da dos mandobles que abren en flor la carne del pecho del doctor.
Los personajes se ponen a la defensiva y Albert Di Leo, en esperas del reconocimiento de la criatura extrae la daga que aquel sacerdote oscuro había dejado en el desierto del Sahara. Las intenciones de Di Leo no parecen ser bien interpretadas por el hombre serpiente, que se avalanza con un enorme salto sobre el periodista y cruza sus espadas con la daga del personaje. Los disparos resuenan por la tumba, pero las balas pasan a través de la criatura sin dejar mella alguna. Mientras Di Leo intenta bloquear los ataques con su diminuta daga, Hess se desliza hacia el doctor, quien le pide disculpas y le indica que deben destruir los objetos sagrados para vencer a la criatura. Luego de esto, el Dr. King deja este mundo y su sangre se esparce por el piso de la antigua tumba de Sobekopesh. Hess da aviso de esto a sus compañeros y junto a Fournier comienza a destruir las reliquias. Mientras tanto Pietro asiste como puede a Di Leo en su contienda. Logran hacer blanco sobre los sables del hombre serpiente, lo único sólido de su oponente, y lo desarman de uno de ellos. Pero en cuanto se escuchan los ruidos de las reliquias destrozadas, la criatura abandona la pelea con el periodista y ataca a los otros personajes.
Mientras Pietro, Hess y Fournier son azotados por esta criatura antigua, Di Leo permanece petrificado observando la desesperada escena. La última reliquia es destrozada, pero los personajes parecen estar a merced del antiguo filo de los kopeshs. Es entonces cuando algo se quiebra dentro del periodista y arremete en una carga heroica sobre el hombre serpiente y con la misteriosa daga logra abrir un tajo en el pecho de su oponente, que despide un rugido temerario. Desde esta herida hacia las extremidades de la criatura, sus escamas se van corporizando y lo que antes era un aura difusa ahora es carne y hueso. Los personajes una vez más pueden enfocar sus esfuerzos en un blanco común, y juntos logran acribillar al hombre serpiente.
La tumba está casi completamente destruída, y sólo hay una puerta por la cual continuar investigando, en el extremo final del recinto donde se destató el último combate. Al ingresar encuentran una gran palanca de piedra, y las dudas arremeten contra el grupo. Hay quienes la quieren activar mientras otros piensan que puede ser una trampa. Sin embargo se arriesgan y en un esfuerzo conjunto logran mover un pesado mecanismo y escuchan una serie de ruidos de piedras deslizándose y entrando en contacto entre sí. Al volver sus pasos encuentran que del sarcófago dorado se elevó una columna que atravieza el techo del recinto, y el cuerpo del hombre serpiente ha desaparecido. También descubren que la entrada principal está una vez más despejada, y toman la decisión de sacar las últimas fotografías y tomar los últimos fragmentos de artefactos antiguos y volver a El Cairo.
Al parecer la pelea contra esta criatura sólo ha comenzado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario