En sus oficinas de Nueva York los personajes se enteran leyendo un viejo periódico que en el museo de su ciudad se estrenará una sala de extraños restos arqueológicos celtas. Impulsados por la curiosidad de Julien Fournier acuden a la muestra, para descubrir al llegar que el museo ha sido robado, y que la muestra entera ha desaparecido.
Haciendo uso de sus conexiones con el agente Johnson del FBI, Urdeep logró mantener a la policía ocupada y distraída mientras los demás se dieron a la investigación del lugar: en la terraza del edificio Stresseman se topó con una figura encapuchada escabulléndose desde una abertura del museo, y Spencer se topó con una puerta que da a un misterioso salón subterráneo.
Mientras una persecución por las terrazas se desata, Fournier se une a la investigación de Spencer, y recorren los salones subterráneos hasta llegar a una enigmática recámara en la que se recrea con sorprendente realismo las formaciones de Stonehenge, con un cielo estrellado por sobre sus cabezas que no parece ser artificial.
Stresseman alcanza a la figura encapuchada, y luego de un combate en el que ambos demuestran su valía, el alemán reduce a la figura, y al descubrirla ve a una joven con una siniestra marca tatuada, que niega cooperación y al resistirse es dejada inconsciente por las técnicas marciales del protagonista.
De uno de los arcos de piedra de la recámara secreta brota un poderoso haz de luz en el cual parece formarse un portal del que brotan tres figuras encapuchadas con unas pesadas bolsas a cuestas. Atónitos por lo extraño de la situación, los personajes a penas pueden reaccionar al darse cuenta de que los encapuchados están extrayendo armas de fuego de sus túnicas.
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