miércoles, 20 de julio de 2011

18º Sesión

Espacio: El Cairo
Tiempo: 7/7/1925
Observaciones: Aun recuperándose del fuerte golpe recibido hace un mes, Julien fournier se reúne amistosamente con Rudolph Hess para responder a una invitación de su padrino, el embajador inglés Percival Owen, que lo ha convocado a un agape. En el camino atestiguan por casualidad a un hombre en sospechosa actitud salir del hospital central de El Cairo con un bulto en sus manos, y arrojando el bulto en un basurero cercano. Los personajes intentan investigar pero se repliegan al oir que alguien se acerca. Al parece, siguiéndole los pasos al hombre venía una enfermera que buscando entre el basural retira el bulto misterioso. Regresa con éste al hospital y Hess logra percibir dos cosas: que la mujer está llorando, y que del bulto brota el diminuto brazo yerto de un bebé.
Los personajes deciden hacer un desvío en su ruta hacia la reunión social y mientras Hess va a hacer una denuncia formal de lo visto, Fournier se encamina al hospital. Allí, fingiendo una visita a su traumatólogo, el personaje se escabuye entre los pasillos siguiendo a la enfermera, que entra en neonatología cerrando la puerta tras de sí, y luego de unos instantes se deja oir por los rincones del hospital un desgarrador llanto proveniente de aquella sala de maternidad. Sin poder averiguar mucho más al respecto, Fournier se dirige al encuentro de su amigo.
Mientras tanto, el arqueólogo no queda conforme con la reacción de la policía local. Al parecer las autoridades toman el desecho de bebés sin entierro como una cuestión cultural. Las promesas de los oficiales de profundizar en la investigación suenan vacías a los oídos del personaje, que se retira de la central policíaca con una severa desilusión.
Consternados por lo sórdido de la situación, loes personajes retoman el camino hacia la Casa de las Naciones, centro diplomático de El Cairo. Al llegar son recibidos e introducidos a los majestuosos salones por los empleados, y luego de pedir indicaciones arriban a la mesa de juego en la que está sentado Percival Owen junto a dos caballeros más, finalizando una partida de Black Jack.
Los personajes son invitados a sumarse a la partida y mientras avanza el entretenimiento lúdico son introducidos a los otros hombres: se trata del embajador de Italia, proveniente de la familia Maldini, y de un doctor del hospital. Al parecer, ambos hombres son profundos amigos, y llevan a cabo las apuestas como verdaderos caballeros. La tarde discurre de forma placentera, pero Hess y Fournier no olvidan los acontecimientos que presenciaron antes de llegar a la Casa de las Naciones. La situación se tensa al ingresar al salón el hombre misterioso visto previamente con el bulto en el basurero. Este hombre se acerca al embajador italiano y le susurra algo al oído, luego de lo cual el diplomático sonríe y después de responderle en secreto le indica con un gesto que se puede retirar. Con extrema reserva le informan de lo sucedido a Owen, quien se muestra consternado por las noticias y les ofrece cualquier tipo de ayuda que esté a su alcance. Al indagar con cautela las funciones del doctor, descrubren que él es el actual encargado de neonatología del hospital, y obtienen la información de que en los últimos meses ha habido un incremento en la tasa de mortalidad infantil. Al parecer, el hombre está realmente preocupado por esto. La postura del embajador italiana es mucho más naïf. Al parecer sus intereses están enfocados más en la vida licenciosa que en el sistema de salud de un país subdesarrollado, intereses que se ha ocupado en desarrollar durante los doce meses que ha durado su cargo diplomático. Finalizando la reunión, Percival Owen agradece la presencia de los convocados y los invita a una nueva reunión la semana siguiente para presentarles un misterioso juego nuevo del cual muy pocos detalles son revelados. Retirándose de la reunión, los personajes se dirigen a sus respectivos hogares y deciden reunirse al día siguiente para continuar averiguando qué hay detrás del acontecimiento atestiguado.
Al día siguiente visitan a un viejo amigo: Albert Di Leo, que al parecer está tapado de trabajo en una oficina de El Heraldo de El Cairo, el periódico local con mayor tirada. Luego de saludarse tras dos meses de distanciamiento, descubren que el periodista ha lugrado establecerse en la jerarquía del Heraldo, y que puede servirles de informante con mucha facilidad. Di Leo, a su vez, les pide que si tienen alguna novedad interesante le informen cuanto antes para tener las primicias. Con respecto al caso del hospital, Di Leo no tiene más información que la suministrada por el doctor. En efecto, ha habido un incremento en la mortalidad infantil en los últimos tres meses. Al preguntar por acontecimientos que involucren al embajador italiano en sucesos siniestros, lo único que encuentra Di Leo es un recorte de una noticia en la cual Maldini fue encontrado en las dunas de las afueras de El Cairo deshidratado y con la salud muy deteriorada, y fue salvado de las garras de la muerte por la pericia del doctor con quien compartieron la mesa de juego.
El siguiente paso de los personajes es visitar el hospital y lograr una entrevista con la enfermera involucrada en los misteriosos hechos. Logran dar con ella, y luego de un tenso diálogo en el que ella intenta disuadirlos de que den un paso al costado, consiguen extraer más que información de la mujer: los invita a mostrarles lo que realmente está sucediendo en este hospital. Se reúnen con ella en la morgue donde les muestra el cadaver de un bebé envuelto en harapos. El horror asalta a los personajes cuando contemplan el cuerpo muerto de un niño con escamas en la piel que les recuerda aquel encuentro con Sobekopesh en las dunas perdidas del desierto. La enfermera les comenta que se ha reiterado este tipo de nacimiento en los últimos tres meses, y que la resolución general ha sido declararlos oficialmente fallecidos por muerte súbita, borrando sus registros del patrón cívico. Al parecer esta orden ha provenido directamente del doctor encargado del área de neonatología. Sin embargo varios de estos niños monstruosos han sobrevivido al parto y han desaparecido misteriosamente. Intentando averiguar más sobre estas desapariciones fue que la enfermera siguió a aquiel hombre hasta un basurero para descubrir cuál era el destino de aquellos infantes deformes.
Luego de la entrevista con la mujer, los personajes se separaron: Julien se entrevistó con el enigmático anciano Amun Ambrosius, dueño de una tienda de mercadería esotérica y defensor del culto a Horus, y Rudolph se dirigió al hotel donde se hospeda Gino Giorgio. Mientras Fournier ratificó que la presencia de estos infantes monstruosos vaticina la llegada de un ejército al servicio de Sobek, Hess enfoca las sospechas de la familia Giorgio sobre las actividades de los Maldini en el casino que está siendo construido en condiciones de sumo secreto y misterio.
Lo que pareció ser un turbio caso de robo de bebés resultó ser un asunto más sórdido aún, cuyas raíces están todavía lejos de salir a la luz de los ojos de los personajes.

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